Quien me conoce sabe que, a pesar de que es cierto que en el pasado he sufrido varias enfermedades graves, ahora no sólo estoy bien si no que, de hecho, ya no suelo ponerme mala nunca. Agujetas del gym, alguna gastroenteritis en los últimos tiempos… pero poco más.

Podría incluso decirse que estoy en la época más sana de mi vida. Me cuido más que nunca, hago ejercicio, no hago dieta, si no que en general me alimento de manera muy equilibrada, sana, de todo, en cantidades razonables y sin pasarse de lo que no se debe… vamos, que estoy cuidada y eso se nota por dentro, y por fuera. No fumo (nunca lo he probado siquiera), bebo alcohol solo muy ocasionalmente, y soy fan, sin perder la cabeza, de los super alimentos. Es decir, llevo una vida moderna, una vida healthy, y además, con la suerte de que no me he obsesionado con ello, que hoy en día ya es decir.

Porque soy de las que piensa que todos los extremos son malos, y si ya lo hacíamos mal antiguamente cuando comíamos hasta reventar, peor lo hacen ahora los que van por la vida entre algodones eco, comiendo solo productos bio y pesando los gramos de espirulina diaria, en una especie de competición a ver quién es más tonteque, que decía aquel.

Pues bien, todo esto se fue al traste cuando este invierno me entró una fiebre, proveniente de una infección de garganta, y estuve postrada en cama 5 días seguidos. Hacía días que me dolía la garganta al tragar, pero me encontraba muy bien de cuerpo, no me dolía nada más. De repente sin embargo empecé a tener fiebre muy alta y el médico me confirmó que tenía una infección de garganta y debía tomar antibióticos. Estaba como si me hubieran dado una paliza de dolor generalizado.

Desde mi experiencia os diré, que independientemente de este artículo y de lo que os voy a contar para acelerar la recuperación y aliviar los síntomas, siempre (sin excepción) debéis hacer caso del médico, y tomar todo aquello que os receten. Una cosa es no auto medicarse y otra, extrema, es no querer tomar medicinas por sistema. Ahí ya no. Los antibióticos son necesarios cuando así te los prescriben e ineludibles, pero ojo: yo no empecé a sentirme mejor desde que empecé con la medicación propuesta por mi médico, si no desde que comencé a tomar infusiones y batidos con cúrcuma. Aquí reside la verdadera mejoría y el objeto de este post, yo creo, tan necesario.

Desde tiempos pretéritos la cúrcuma ha sido utilizada en múltiples ocasiones, desde remedio para curar enfermedades, fortaleciendo y calentando el cuerpo en caso de resfriados o fiebres, así como la mejor solución para problemas más complejos como la depresión y la ansiedad. Sin embargo, quizás su más destacada propiedad sea la de agente antiinflamatorio y anticancerígeno, debido a que los ensayos realizados al respecto demuestran que puede ayudar a aliviar el dolor y la inflamación. Y lo mejor de todo es que no solo cura, si no que también previene ¡y está buenísima! ¡Le da un toque riquísimo a todos los platos!

Yo tenía la garganta muy (muy) inflamada, y muy (muy) irritada, y si bien las primeras horas de la enfermedad no tenía ni fuerza (ni fé, la verdad, de lo mal que me encontraba) para empezar a elaborar preparaciones con cúrcuma (error, ya que debí hacerlo inmediatamente), en cuanto me puse a ello, experimenté una mejoría increíble.

Del libro de la editorial Planeta – Lunwerg de Fern Green, mi referente y obra de consulta constante, recién publicado el pasado mes de enero de 2019, mis recetas favoritas son (i) el zumo de cúrcuma y zanahoria, (ii) la leche de cúrcuma con cacao, (iii) el puré de coliflor, ajo y cúrcuma y (iv) el puré de pimientos asados.

Desde que introduje y combiné la cúrcuma con el antibiótico, necesité menos recurso al ibuprofeno, lo cual no deja de ser un alivio para el cuerpo hoy en día, que cuando no tiene una cosa tiene otra, y que ya está demasiado sobresaturado de medicina tradicional y que mejor le iría ir tirando un poco como complemento de esta “medicina” más “moderna”, por decirlo así.

En la foto, zumo de cúrcuma y zanahoria:

  • 2 zanahorias medianas peladas y cortadas en trozos
  • 2 naranjas peladas y cortadas en cuartos
  • 1cm de jengibre pelado y rallado
  • 1 cucharada sopera de miel
  • Media cucharadita de cúrcuma molida
  • 1 cucharada sopera de zumo de limón
  • Pimienta negra recién molida

Colocar todos los ingredientes en una batidora, añadir agua y batir hasta obtener una mezcla homogénea

Libro a la venta en la web de la editorial Planeta de libros y también en librerías como FNAC, La Casa del Libro, entre otras

Para leer mi reseña al libro para la prestigiosa publicación Blog Hedonista y conocer más sobre la autora y la estructura del libro visitad la web de José María Toro.

  1. marzo 14, 2019

    Gran idea! Me la apunto!

  2. marzo 14, 2019

    Lo probaré! Si puede ayudarnos de manera natural sin consumir tanto medicamento, nuestro cuerpo lo agradecerá!

  3. marzo 14, 2019

    No tenía ni idea que tuviese tantísimas propiedades la cúrcuma. Gracias por el consejo, siempre será mejor tomar cosas naturales.

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