Saber de vinos, aunque sea a nivel amateur, siempre genera mucha curiosidad. Como siempre que se conoce a alguien que domina de un tema en el que uno no es ducho, nos invade esa sensación de genialidad ajena. Una mezcla entre envidia por el conocimiento del otro, y de querer ser una esponja humana en ese momento para captar todo lo posible. Además, el vino, es de los pocos elementos que unen a propios y a extraños. A seguidores de un equipo de futbol u otro. A simpatizantes de un partido político, o el contrario.

Al igual que con otras circunstancias, cuando alguien sabe que un tema te gusta y atrae mucho, también usa y abusa de anécdotas o extravagancias, y sobre todo en según qué círculos, buscando empatizar con la otra persona, lo que nos recuerda que somos humanos y que nos preocupamos por aportar nuestro granito de arena hacia una inteligencia emocional cada vez más notoria en nuestras relaciones personales.

Recientemente una amiga me contó que había organizado una cata de vinos peculiar, en la cual los asistentes se vendaban los ojos con el objetivo de acertar la variedad de la uva que estaban probando. No se trataba, aquí, de adivinar marca o denominación de origen, sino de adivinar el tipo de uva – y además de pasar un buen rato. La gran mayoría de los asistentes, muchos de ellos catadores aficionados, acertaron la uva tempranillo por su sabor afrutado, equilibrado e inconfundible. Y es que, si tuviéramos que definir un tipo de uva que fuera representativa de la Península Ibérica, ésta sería el tempranillo, que es la base de muchos Rioja y Ribera de Duero y es de las más apreciadas: necesita poco riego y crece a sus anchas. Por todo esto, el vino que nos ocupa hoy sería perfecto para una cata a ciegas de este estilo, con variedades «puras», y que impida que podamos ser engañados fácilmente.

 

Además, y teniendo en cuenta la creencia de los expertos según la cual el vino «ideal» oscila entre los 8 y los 40 euros de precio de mercado, el Coto de Imaz Reserva, que se sitúa en la franja inferior de ese intervalo, aún resulta más atractivo, si cabe, para su consumo habitual.

Con todo ello, Coto de Imaz Reserva está compuesto por una selección de los mejores tempranillos de La Rioja, y ha pasado una crianza de 18 meses en barrica de roble americano, es decir, a la «antigua» usanza, lo cual le confiere una entrada potente en boca pero un gran equilibrio entre la fruta y la madera. Un sabor aterciopelado, velvet, sutil y suave tanto a los paladares menos iniciados como a los más femeninos, exigentes y experimentados.

A más a más, y en cuanto a condecoraciones se refiere (que no es algo imprescindible pero sí digno de rendir tributo) el pasado mes de febrero de 2019 Coto de Imaz Reserva 2015 obtuvo una medalla de oro en la cata de primavera del Concurso Internacional Mundus Vini, organizado por Meininger de la mano de 260 expertos que le han otorgado esta distinción.

Personalmente creo que este vino te salva de un apuro en lugares de necesaria elección rápida como el duty free del aeropuerto, o el supermercado de turno antes de un encuentro entre amigos y, por si fuera poco, no recuerdo que me haya generado dolores de cabeza al día siguiente, cosa rara en los reservas tradicionales. Es un vino para disfrutar no solo de sus sensaciones inmediatas sino de largas veladas, es para repetir, para tener en la bodega para su fácil consumo y para quedar bien en muchas ocasiones en las que todos los ojos están puestos (y con la crítica a punto) en el “experto” en vino.

 

A la venta en el supermercado de El Corte Inglés, en la mayoría de supermercados del país y en Amazon.

Para más información, visitar la web de El Coto de Rioja.

 

  1. marzo 14, 2019

    Me ha encantado, gran consejo!

  2. marzo 14, 2019

    Tomamos nota!! ,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,

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